Alimentos funcionales: prebióticos y probióticos

Los alimentos funcionales son aquellos que en forma natural o procesada contienen componentes beneficiosos para la salud más allá del “aspecto nutricional”. Entre estos alimentos están los que contienen probióticos, prebióticos, compuestos fenólicos y ácidos grasos omega 3, entre otros.

En los últimos años estos términos generaron gran confusión y, en muchas oportunidades, se puso en duda su capacidad benefactora, debido a una comunicación inapropiada de sus atributos y mensajes que solo produjeron confusión. Este es el caso de los tan famosos probióticos y prebióticos. Bien… repasemos algunas definiciones y veamos de qué forma pueden ayudarnos.

¿Qué son los probióticos?

Son microorganismos vivos cuya ingesta en cantidades adecuadas y en forma sostenida en el tiempo, es beneficiosa para la salud del ser humano.

¿Qué son los prebióticos?

Son carbohidratos complejos no digeribles, que actúan en el colon produciendo sustancias que contribuyen a disminuir el riesgo de infecciones intestinales y previenen la constipación. Se encuentran en forma natural en gran cantidad de frutas y verduras como achicoria, plátano, cebollas, papas, espárragos, ajos y alcachofas, entre otros. También están en alimentos procesados con adición de fructooligosacáridos (FOS). Los prebióticos mejoran la flora intestinal o microbiota, estimulando el crecimiento de bífidobacterias (“bacterias buenas”), que actúan beneficiando la salud: mejoran la absorción del calcio, pueden disminuir el riesgo de cáncer de colon y mejoran la respuesta inmune.

¿Para qué son útiles los probióticos?

Para prevenir y tratar las diarreas infecciosas, asociadas al uso de antibióticos; mejorar el sistema inmune; prevenir algunas manifestaciones alérgicas (rinitis, eczema atópico); y tratar y prevenir los cólicos en el lactante.

Algunos datos interesantes…

Para que los probióticos tengan el efecto deseado en las personas, su consumo debe ser regular y sostenido en el tiempo. Una vez que se suspende su ingesta desaparece el efecto.

Las propiedades probióticas dependen de cepas específicas, por ello se rotula en los productos el nombre de las cepas presentes y la cantidad, con el propósito de que el consumidor pueda identificarlas y asociarlas a los beneficios que desea obtener.

La mayoría de los probióticos que se comercializan en alimentos son de los géneros lactobacillus o bifidobacterium.

Se recomienda que al comprar alimentos que contienen probióticos y requieren refrigeración, según indican sus envases, como yogurt, leche cultivada y quesos, se mantenga la cadena de frío para que sobrevivan los microorganismos y estén funcionalmente activos al ser consumidos.

¿Cómo actúan los probióticos?

Contribuyen a restaurar la microbiota, es decir, los microorganismos que viven habitualmente en el intestino; compiten con microorganismos patógenos en el intestino, inhibiendo toxinas bacterianas y evitando infecciones; producen sustancias antimicrobianas contra otros organismos no deseados; estimulan el sistema inmune; pueden actuar en diversos órganos, por ejemplo en el sistema respiratorio, digestivo, urinario, etcétera.

Para resumir…

La principal diferencia entre pre y probióticos es que los primeros forman parte de los alimentos y los probióticos son bacterias “buenas” agregadas a los alimentos.

Los beneficios de los probióticos se logran al consumirlos en cantidades suficientes y en forma permanente.

Los efectos dependen de cepas específicas, no todos los probióticos tienen los mismos efectos.

Los probióticos se encuentran agregados a los alimentos o como suplementos nutricionales.

Los prebióticos se encuentran en frutas y verduras que, consumidas en forma regular y frecuente, ejercen estos efectos.

Lic. Nadia Manuale

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